06 febrero 2014

Kassarka



En sus sueños era liviano. Flotando entre la niebla como si fuera una nube. La única nota de color eran los vivaces ojos verdes de Ventisca, su husky blanco. No llevaba el collar azul que su amo le comprara en Grozni. El perro le miraba circunspecto, sin tensiones, totalmente quieto sentado sobre sus patas, aguardando. Frost sintió algo a su espalda, una variación de la presión le hizo aterrizar y se giro a tiempo de ver las sombras cerrando filas. Frost pasó revista a su improvisado ejercito de de vaporoso blanco y ordeno a la niebla oponerse a los nubarrones. Amenazaba tormenta y el choque provocó el estruendo de una batalla. Aquí y allí se veían las chispas de los relámpagos ora blancos provenientes de la niebla, ora negros golpeando a Frost. Pronto se vio totalmente rodeado por la tempestad. Ya no era ligero, todo le pesaba. La oscuridad le envolvió.

Despertó con un acceso de tos. El sabor amargo de la bilis se había instalado en su garganta, cerrándosela. Tras el sobresalto inicial Frost obedeció al entrenamiento y rodó de la cama. Estaba desnudo. Nada a su alrededor le resultaba conocido, pero si familiar. El catre junto al lavabo, el suelo de hormigón y las paredes sin ventanas reforzadas con rejas. Estaba en una cárcel. Cuando su estomago dio un vuelco, corrió al pozo negro a expulsar los restos de cloroformo. El esfuerzo le hizo retorcerse de dolor cuando sintió la sutura en su pecho. Una cicatriz perfectamente vertical cruzaba el centro de su esternón. Era reciente. Parte buena, estaba vivo. Parte mala, estaba encarcelado y no recordaba mucho de lo sucedido. Parte peor, si seguía vivo seguramente quisieran algo de el, de modo que quienes estuvieran detrás de esto vendrían a por ello. Y cuando lo hicieran obtendría respuesta. De una forma u otra.

Se sentó en la cama a recuperar fuerzas y sopesar la situación mas sosegadamente. No era una celda improvisada. Un cubículo de 3 metros cuadrados mas largo que ancho cerrado por uno de sus lados por una verja de aspecto robusto que daba paso a un corredor con celdas idénticas unas junto a otras. En el interior un catre y un lavabo, ambos de cemento gris, como único ornamento, tanto así que la mortecina luz que le iluminaba provenía de la galería. Palpó el colchón. Ni siquiera tenia muelles, era mas un montón de tela enmarañado sobre la plataforma maciza. Cogió la sabana, áspera como el demonio, y se la puso a la manera romana. No es que el frío le molestara, ni mucho menos, pero no iba a dar a quien fuera la ventaja psicológica de tenerle desnudo.

Ya sabia lo que venia a continuación. Primero la espera. Dejar al prisionero que se impaciente preguntándose por que le quieren o que pretenden, cuando vendrán o si alguien le busca. Es poco probable que dure mas de unas horas. Frost era paciente, en una ocasión había esperado 12 horas a la intemperie a que su objetivo apareciera en Viena.

Se puso cómodo a esperar, seguro de que le tenían vigilado. No podía ver las cámaras, pero se sentía observado y su instinto rara vez le había fallado.

Después vendrían las preguntas, primero jovialmente, luego plagadas de amenazas. Tampoco funcionaría, ya había pasado por eso y, a la luz de los acontecimientos recientes, no le quedaba gran cosa con la que ser amenazado. Aunque existía la posibilidad de que usaran a Ventisca. Frost deseó en silencio que hubiera conseguido escapar.

Finalmente, la tortura. Eso si que iba a resultar un problema. Su amigo Sergei le había contado alguna vez los métodos que usaba con quienes se negaban a hablar. Nada agradable. En opinión de Frost la tortura es contraproducente, pues contamina los resultados con lo que el sujeto cree que el interrogador quiere saber, pero como medida de coacción es una herramienta excelente. ¿Le tendrían allí como rehén contra alguien?¿como medio de pago?¿como trofeo? Calma, las respuestas llegarían solas.

    • La Frase de Hoy: La peor cara de uno mismo es la que ves reflejada en un charco de sangre. Relato inconcluso sobre Yuri Putgatchev.
    • Para el que no lo Sepa: Durante mucho tiempo me resistí a colgar mis relatos inacabados por ai alguien los encontraba suficientemente buenos y me los plagia. Supongo que es un miedo infundado. Este relato lleva en el cajón desde el 27/05/2011, ya es hora de que le de el aire.

       El lobo no teme al perro pastor sino su collar de clavos

      1 comentario:

      Logabe dijo...

      Como siempre, las aventuras de Frost son intrigantes. Me gusta que le dé el aire muy de vez en cuando, es bueno sacar a los amigos de papel a pasear de vez en cuando ;)
      Como nota, ya sabes... Corrector, pero en esta ocasión debo decirte que las puntuaciones que decías que te daban tanto problema, aquí se han comportado.